Guía completa de prevención y emergencia para perros
Si vives, paseas o haces senderismo en España cerca de zonas con pinos, es muy probable que te encuentres con la oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Se trata de uno de los riesgos estacionales más graves para perros, gatos, caballos y fauna silvestre, y cada año provoca numerosas urgencias veterinarias. No es peligrosa porque muerda, sino porque está cubierta de miles de pelos urticantes microscópicos que se desprenden con extrema facilidad. Estos pelos funcionan como diminutas agujas con toxinas que pueden clavarse en la piel, ojos, nariz y boca, o incluso desplazarse por el aire con el viento, causando dolor intenso, inflamación severa, reacciones alérgicas y, en casos graves, necrosis de tejidos y riesgo vital.
El verdadero peligro está en los pelos urticantes, no en la oruga en sí. Cada oruga contiene miles de estos pelos que pueden liberarse sin necesidad de contacto directo y permanecer en el entorno durante días o semanas. Los perros, al explorar con el hocico y la boca, están especialmente expuestos.
Los principales factores de riesgo son
En el suelo, las orugas procesionarias se reconocen fácilmente porque avanzan en largas filas, una detrás de otra, formando la conocida “procesión”. Esta es la fase más peligrosa para los perros, ya que se encuentran a la altura de su hocico. En los árboles, se identifican por los grandes bolsones blancos y sedosos situados en las ramas de los pinos. Incluso los nidos antiguos siguen siendo peligrosos, ya que los pelos urticantes permanecen activos. Las zonas con mayor riesgo incluyen pinares, parques urbanos con pinos, jardines privados, caminos rurales, áreas escolares y zonas residenciales con pinos maduros.
Los síntomas suelen aparecer de forma casi inmediata o en los minutos posteriores al contacto. La gravedad dependerá de la cantidad de pelos y de la zona afectada.
Los signos más habituales incluyen:

La rapidez de actuación es clave para reducir el daño. Lo primero es alejar al perro de la zona y evitar que se lama o se frote. No se debe tocar la zona afectada con las manos desnudas ni frotar.
A continuación:
Hay acciones que pueden empeorar gravemente la situación y deben evitarse siempre:
El tratamiento dependerá de la gravedad del caso, pero suele incluir control del dolor con analgésicos potentes, antiinflamatorios y antihistamínicos, limpieza cuidadosa de la cavidad oral, fluidoterapia intravenosa y, en casos graves, oxígeno u hospitalización. En exposiciones severas, el veterinario realizará un seguimiento para detectar necrosis o infecciones secundarias. La rapidez en llegar a consulta marca la diferencia en el pronóstico.
Durante la temporada de riesgo es fundamental extremar las precauciones. Se recomienda llevar al perro con correa corta en zonas con pinos, evitar que olisquee el suelo cerca de troncos y ramas bajas y reforzar órdenes como “quieto” o “déjalo”. Llevar suero fisiológico en el kit de paseo puede ser de gran ayuda. En jardines y comunidades, nunca se deben retirar nidos por cuenta propia; lo correcto es avisar al ayuntamiento o a servicios especializados. Si se detecta una procesión, hay que alejarse, cambiar de ruta y avisar a otros dueños.
Si ves orugas, pon la correa y aléjate. Si sospechas contacto, impide que el perro se frote, lava sin frotar y acude urgentemente al veterinario. La oruga procesionaria del pino no es una simple molestia estacional, es un peligro real y grave, pero con información, prevención y una actuación rápida se pueden evitar consecuencias muy serias.