Aprende a acostumbrar a tu perro al arnés y utilizarlo correctamente durante los paseos. Desde elegir un buen ajuste hasta practicar en casa y avanzar gradualmente hacia entornos exteriores.
Acostumbrar a un perro a llevar arnés puede parecer algo sencillo: se lo ponemos, enganchamos la correa y salimos. Para muchos perros lo es. Para otros, pasar la cabeza por una abertura, sentir correas alrededor del cuerpo o escuchar el clic de una hebilla puede resultar extraño, incómodo o incluso preocupante al principio.
Por eso, un buen entrenamiento con arnés para perros empieza antes del paseo. El objetivo es conseguir que el perro acepte el arnés con tranquilidad, que esté correctamente ajustado y que podamos utilizarlo como una herramienta segura y cómoda mientras aprende a caminar con nosotros.
En esta guía veremos cómo acostumbrar a un perro al arnés, cómo elegir el tipo adecuado, cómo comprobar el ajuste, qué hacer si intenta escapar o se queda completamente quieto al ponérselo y cómo empezar los primeros paseos sin convertir el arnés en algo que quiera evitar.
Índice
Un arnés distribuye las fuerzas de la correa sobre una zona más amplia del cuerpo en lugar de concentrarlas únicamente alrededor del cuello. Esto puede hacerlo especialmente interesante para cachorros, perros fuertes, perros que todavía están aprendiendo a caminar con correa o animales cuya anatomía hace que un collar resulte menos práctico.
También puede proporcionar varios puntos de ajuste y una sujeción más segura, siempre que el modelo sea apropiado y esté correctamente colocado.
Sin embargo, llevar arnés no enseña automáticamente a caminar bien.
Un perro puede tirar exactamente igual llevando collar, arnés o prácticamente cualquier otro accesorio si todavía no ha aprendido cómo queremos que se desplace con nosotros.
Por eso conviene separar dos objetivos:
El arnés es la herramienta. El paseo sigue necesitando aprendizaje.
No existe un único mejor arnés para todos los perros. La anatomía, tamaño, actividad y forma de moverse de cada animal pueden hacer que un modelo funcione mejor que otro.
Arnés tipo Y o H. Son diseños habituales para el paseo diario. Bien ajustados, permiten sujetar el cuerpo manteniendo espacio alrededor de las patas delanteras para facilitar un movimiento natural.
Arnés con enganche trasero. La correa se conecta sobre la espalda. Es sencillo de utilizar y funciona bien para muchos perros que ya caminan razonablemente tranquilos.
Arnés con enganche frontal. Incorpora un punto de conexión en el pecho. Puede proporcionar más capacidad para redirigir a algunos perros cuando tiran, aunque no sustituye el entrenamiento.
Arnés con doble enganche. Incluye normalmente un punto frontal y otro en la espalda. Dependiendo del diseño, puede utilizarse con una correa de doble terminal para disponer de mayor control.
Arnés tipo chaleco. Ofrece una superficie amplia alrededor del cuerpo y puede resultar cómodo para determinados perros, especialmente pequeños, siempre que permita libertad de movimiento y no produzca rozaduras.
Arneses específicos para deporte. Actividades como canicross, bikejoring o tiro requieren diseños diferentes porque precisamente están pensados para permitir que el perro ejerza fuerza hacia delante. Un arnés de paseo y uno diseñado para tirar no tienen necesariamente la misma función.
Más importante que el nombre comercial es observar cómo queda el arnés sobre tu perro cuando está parado, camina, gira y corre.
Un arnés demasiado flojo puede desplazarse, girarse o incluso permitir que el perro se escape. Uno demasiado apretado puede rozar, presionar zonas sensibles o interferir con el movimiento.
El objetivo es conseguir un ajuste firme pero cómodo.
Como referencia práctica, deberías poder introducir aproximadamente uno o dos dedos bajo las correas sin que queden completamente sueltas. Sin embargo, esto es solamente una orientación: cada diseño utiliza puntos de ajuste diferentes.
Comprueba especialmente:
Después de ajustarlo, no te limites a observar al perro quieto.
Haz que camine unos metros, gire, se siente y se mueva a diferentes velocidades. El arnés debería permanecer razonablemente estable sin limitar su movimiento.
También conviene revisar periódicamente el ajuste. Los cachorros crecen rápidamente y los perros adultos pueden ganar o perder peso. Un arnés que encajaba perfectamente hace seis meses no tiene por qué seguir haciéndolo hoy.
Si tu perro nunca ha llevado arnés, no necesitamos pasar inmediatamente de verlo por primera vez a caminar treinta minutos con él.
Podemos dividir el aprendizaje en pequeñas etapas.
Paso 1. Deja que aparezca el arnés sin intentar ponérselo.
Colócalo en el suelo o sostenlo a cierta distancia. Si el perro se acerca, lo mira o lo huele voluntariamente, puedes marcar ese comportamiento y darle un pequeño premio.
No es necesario obligarlo a investigar. Queremos que la presencia del arnés empiece a predecir cosas positivas.
Paso 2. Acerca el arnés al cuerpo.
Tócalo suavemente con el arnés durante un instante y recompensa si permanece tranquilo.
Empieza por zonas donde acepte fácilmente el contacto y aumenta progresivamente.
Paso 3. Practica el movimiento necesario para colocarlo.
Si el arnés debe pasar por la cabeza, puedes enseñar al perro a introducirla voluntariamente.
Sujeta la abertura delante de él y utiliza un premio para animarlo a acercar el hocico. Al principio basta con que introduzca solamente la punta.
Poco a poco puedes pedir que avance algo más hasta que atraviese completamente la abertura.
La diferencia importante es que el perro está entrando en el arnés en lugar de que nosotros persigamos su cabeza con él.
Paso 4. Introduce las hebillas.
Algunos perros reaccionan al sonido del cierre cerca del cuerpo.
Puedes practicar haciendo clic con la hebilla a distancia, premiando y acercándola progresivamente antes de cerrarla realmente sobre el perro.
Paso 5. Déjalo puesto durante unos segundos.
Una vez colocado, ofrece algunos premios, juega tranquilamente o realiza una actividad sencilla.
Después retíralo.
No necesitas esperar hasta que el perro intente desesperadamente quitárselo. Las primeras experiencias pueden ser muy breves.
Paso 6. Aumenta gradualmente el tiempo.
Pasa de unos segundos a uno o dos minutos mientras el perro realiza actividades normales en casa.
Cuando prácticamente deja de prestar atención al arnés, estás preparado para añadir la correa y empezar a moverte.
Para algunos perros, el problema no es llevar el arnés una vez colocado. El momento difícil es precisamente ponérselo.
Esto ocurre especialmente con modelos que pasan por la cabeza.
Si cada paseo empieza sujetando al perro mientras intentamos introducir el arnés rápidamente, puede aprender algo bastante diferente de lo que pretendíamos:
ver el arnés significa que van a agarrarme.
Cuando sea posible, deja que participe.
Presenta la abertura, espera a que acerque la cabeza y recompensa pequeños avances. Después puedes introducir una señal como “arnés” para convertir la acción en una rutina predecible.
Con perros especialmente sensibles a que algo pase sobre la cabeza, puede ser más práctico elegir un modelo con apertura en el cuello que permita colocar las correas alrededor del perro sin obligarlo a atravesar una abertura.
También merece la pena observar nuestras propias manos. Inclinarse directamente sobre un perro, atraparlo entre las piernas y realizar movimientos rápidos puede aumentar su incomodidad incluso si el arnés en sí no le molesta.
Muévete con calma y convierte el proceso en algo previsible.
Cuando tu perro puede llevar el arnés tranquilamente, conecta una correa ligera y empieza en un lugar con pocas distracciones.
Camina solamente unos pasos.
Cuando el perro se mueve contigo y la correa permanece relajada, recompensa.
No necesitas exigir inmediatamente que camine pegado a tu pierna. Para un paseo normal, el objetivo inicial puede ser simplemente que aprenda a desplazarse contigo sin crear tensión constante.
Practica:
Cuando esto funciona en casa o en una zona tranquila, empieza a practicar fuera.
Recuerda que cambiar de entorno aumenta enormemente la dificultad. El perro que caminaba perfectamente por el salón puede salir a la calle y descubrir cien olores, personas, perros, coches y sonidos nuevos.
No significa que haya olvidado el ejercicio. Significa que ahora necesita practicarlo en un contexto mucho más interesante.
Si el principal problema de tu perro son los tirones, puedes profundizar en nuestra guía sobre cómo enseñar a un perro a caminar con correa suelta, donde explicamos cómo utilizar premios, distancia, olores y el propio avance como parte del entrenamiento.
Un arnés antitirones puede proporcionar más control sobre algunos perros, especialmente si dispone de un punto de enganche delantero que ayuda a redirigir parte del movimiento hacia un lado.
Pero existe una diferencia importante entre reducir mecánicamente la capacidad de tirar y enseñar al perro cómo caminar.
El perro no necesariamente aprende por qué debería mantener la correa relajada solo porque lleva un tipo determinado de arnés.
Por eso el equipo funciona mejor cuando acompaña al entrenamiento.
Puedes utilizar el arnés para disponer de mejor manejo mientras refuerzas activamente cosas como:
Con el tiempo, es ese aprendizaje el que debería mejorar realmente el paseo.
Esta pregunta aparece bastante porque determinados arneses permiten al perro ejercer fuerza con comodidad y existen incluso deportes donde utilizamos arneses específicamente diseñados para tirar.
Pero ponerse un arnés de paseo no enseña automáticamente a un perro que debe tirar.
Lo que sí puede ocurrir es que un perro que ya tira encuentre físicamente más sencillo continuar haciéndolo porque no siente presión directamente alrededor del cuello.
La solución sigue siendo enseñar qué comportamiento consigue avanzar.
Si caminar con la correa relajada permite llegar hasta el parque, acercarse a un olor y continuar el paseo, mientras que la tensión constante deja de ser la estrategia que consigue todo, estás enseñando una regla bastante más útil que confiar únicamente en el accesorio.
Los premios son especialmente útiles porque permiten dividir el proceso en muchos pequeños comportamientos fáciles de reforzar.
Puedes premiar que el perro:
Este proceso es bastante más claro para el perro que intentar colocar el arnés completo de golpe y premiar solamente cuando todo ha terminado.
Utiliza trozos pequeños porque puedes necesitar bastantes repeticiones.
Y si quieres entender mejor cuándo entregar la recompensa, cuánto valor necesita y cómo evitar depender siempre de comida visible, consulta nuestra guía sobre entrenamiento con premios.
Si tu perro se aleja cuando ve el arnés, baja la cabeza, retrocede, intenta morderlo o se esconde, no lo interpretes automáticamente como testarudez.
Primero necesitamos descubrir qué parte del proceso le molesta.
¿No quiere pasar la cabeza?
Practica únicamente esa parte o prueba un modelo que pueda abrirse alrededor del cuello.
¿Reacciona al clic de las hebillas?
Haz el sonido inicialmente a distancia y asócialo con premios antes de acercarlo a su cuerpo.
¿Está bien hasta que aprietas las correas?
Comprueba que el ajuste no sea demasiado cerrado y que ninguna cinta esté pellizcando piel o pelo.
¿Intenta rascarse constantemente cuando lo lleva?
Revisa rozaduras, colocación de las correas, tamaño y libertad de movimiento.
¿Ha empezado a rechazar de repente un arnés que antes aceptaba?
Comprueba primero si existe una causa física. Puede haber aparecido una rozadura, cambio de ajuste o sensibilidad en alguna zona del cuerpo.
Si el comportamiento aparece de forma repentina o el perro muestra dolor al tocarlo o moverlo, conviene consultar con un veterinario antes de asumir que se trata únicamente de un problema de entrenamiento.
Es bastante habitual, especialmente durante las primeras experiencias.
Algunos perros sienten algo nuevo alrededor del cuerpo y simplemente se bloquean mientras intentan comprender qué acaba de ocurrir.
No tires de la correa para obligarlo a empezar a caminar.
Prueba dentro de casa, anímalo a dar uno o dos pasos y recompensa cualquier movimiento voluntario.
Puedes colocar un premio a poca distancia, moverte tú unos pasos o iniciar un pequeño juego si eso le ayuda a olvidarse del arnés.
Si después de varios intentos sigue moviéndose de forma claramente extraña, vuelve a comprobar el ajuste y el diseño. No siempre es una cuestión de “acostumbrarse”. Puede que ese arnés concreto no encaje bien con su cuerpo.
Un perro puede morder el arnés porque todavía no comprende qué es, porque está jugando con las correas, porque intenta quitárselo o porque algo le resulta incómodo.
En cachorros también puede mezclarse con su tendencia general a investigar prácticamente todo con la boca.
Evita convertirlo en un juego de tira y afloja cada vez que intente cogerlo.
Comprueba primero el ajuste y después utiliza pequeñas sesiones donde llevar el arnés prediga otras actividades interesantes.
Si lo muerde únicamente durante el momento de colocarlo, revisa esa parte concreta del proceso. Quizá el problema sea pasar por la cabeza, levantar una pata o cerrar una hebilla, y no el arnés completo.
Empezar con un cachorro permite introducir el arnés como una parte completamente normal de su rutina.
No tengas prisa por llegar al paseo perfecto.
Durante los primeros días puedes trabajar simplemente:
Utiliza premios diminutos y sesiones breves.
También necesitarás revisar el tamaño con bastante frecuencia. Los cachorros pueden crecer rápidamente y un ajuste correcto puede cambiar en cuestión de semanas.
Un cachorro tampoco necesita llevar puesto el arnés durante todo el día simplemente para “acostumbrarse”. Es preferible hacer pequeñas experiencias positivas y retirarlo cuando no sea necesario.
Algunos perros toleran perfectamente sentir el arnés sobre el cuerpo pero encuentran desagradable que algo pase directamente sobre su cabeza.
No hace falta convertir cada paseo en una negociación.
Puedes entrenar la acción voluntaria de introducir la cabeza poco a poco, pero también merece la pena considerar si existe un diseño que resulte más cómodo para ese perro.
Algunos modelos disponen de hebillas adicionales que permiten abrir el cuello. Esto puede ser especialmente útil para perros sensibles al manejo alrededor de cabeza y orejas.
El objetivo no debería ser demostrar que el perro puede soportar un proceso que detesta si existe una alternativa más sencilla.
Un ajuste que parece correcto durante treinta segundos dentro de casa puede revelar problemas después de una caminata larga.
Después de los primeros paseos con un arnés nuevo, revisa especialmente:
Busca enrojecimiento, pérdida de pelo, marcas o sensibilidad.
Observa también cómo se mueve. Si cambia su forma de caminar, acorta claramente el paso delantero o parece incómodo al correr, revisa el diseño y el ajuste antes de continuar utilizándolo.
Comprar solamente por el peso del perro. Dos perros que pesan lo mismo pueden tener formas corporales completamente diferentes. Mide siempre las zonas indicadas por el fabricante.
Dejarlo demasiado suelto. Puede desplazarse y aumentar el riesgo de que el perro saque una pata o escape hacia atrás.
Apretarlo demasiado. Más ajustado no significa más seguro si el perro no puede moverse cómodamente.
No comprobar las patas delanteras. Las correas deberían dejar suficiente espacio alrededor de las axilas y no impedir el movimiento normal de los hombros.
Obligar al perro a meter la cabeza. Puede crear rechazo hacia el propio proceso de colocación.
Esperar que un arnés antitirones sustituya el entrenamiento. Puede facilitar el manejo, pero el perro todavía necesita aprender cómo queremos que camine.
No reajustarlo. Cambios de peso, crecimiento, corte del pelo y uso continuado pueden modificar el ajuste.
Utilizar el mismo arnés para cualquier actividad. Pasear tranquilamente, correr juntos y practicar deportes de tiro pueden requerir diseños diferentes.
Ignorar un cambio repentino de comportamiento. Si un perro que llevaba el arnés feliz empieza a evitarlo, merece la pena averiguar por qué.
No existe un tiempo fijo.
Algunos perros aceptan un arnés nuevo prácticamente de inmediato. Otros necesitan varios días de pequeñas sesiones y algunos pueden requerir un proceso mucho más gradual debido a experiencias anteriores o sensibilidad al manejo.
No midas únicamente el progreso por cuántos minutos puede llevarlo.
También puedes observar si:
Eso te dice mucho más que intentar cumplir una fecha concreta.
¿Cómo acostumbrar a un perro a llevar arnés?
Introduce el arnés gradualmente. Empieza recompensando que el perro se acerque, después que permita contacto, que introduzca voluntariamente la cabeza y finalmente que lo lleve durante periodos breves. Aumenta el tiempo poco a poco.
¿Cómo saber si el arnés está demasiado apretado?
Las correas deben quedar firmes pero permitir introducir aproximadamente uno o dos dedos debajo, dependiendo del diseño. Comprueba que no haya presión sobre la garganta, rozaduras en las axilas ni limitación del movimiento.
¿Cómo saber si el arnés está demasiado suelto?
Si gira excesivamente, puedes separar demasiado las correas del cuerpo, el perro consigue introducir una pata fuera o puede retroceder hasta sacar la cabeza, necesita reajustarse o puede no ser el tamaño adecuado.
¿Es mejor un arnés o un collar para pasear?
Depende del perro, su anatomía, comportamiento y actividad. Un arnés puede reducir la presión directa sobre el cuello y ofrecer más puntos de sujeción, mientras que algunos perros caminan perfectamente con collar. Lo importante es utilizar un equipo seguro, correctamente ajustado y adecuado para el individuo.
¿Un arnés antitirones hará que mi perro deje de tirar?
Puede facilitar el control y reducir la capacidad de tirar directamente hacia delante, pero no enseña por sí solo un paseo con correa relajada. Los mejores resultados aparecen cuando el equipo se combina con entrenamiento.
¿Por qué mi perro huye cuando saco el arnés?
Puede haber desarrollado una asociación negativa con el momento de colocarlo, no gustarle que pase sobre la cabeza o encontrarlo incómodo. Divide el proceso en pasos pequeños y comprueba también que el ajuste sea correcto.
¿Por qué mi perro no camina cuando le pongo el arnés?
Algunos perros se quedan inmóviles ante una sensación nueva. Practica primero dentro de casa, recompensa pequeños movimientos y aumenta el tiempo gradualmente. Si su forma de caminar continúa siendo extraña, revisa el ajuste y el diseño.
¿A qué edad puede empezar un cachorro a utilizar arnés?
Un cachorro puede empezar a familiarizarse con un arnés apropiado desde muy joven, mediante sesiones breves y positivas. Lo importante es escoger un tamaño adecuado y reajustarlo frecuentemente durante el crecimiento.
¿Debo dejar el arnés puesto en casa todo el día?
No suele ser necesario para acostumbrarlo. Las sesiones cortas y positivas permiten aprender sin mantener correas y hebillas sobre el cuerpo cuando no hacen falta. Además, retirarlo permite revisar regularmente piel y pelo.
No existe un diseño perfecto simplemente porque tenga más acolchado, más hebillas o la palabra “antitirones” escrita en el nombre.
Un buen arnés necesita encajar correctamente con el cuerpo de tu perro, permitirle moverse con comodidad, permanecer seguro y cumplir la función para la que quieres utilizarlo.
Después viene la otra mitad del trabajo: conseguir que llevarlo sea completamente normal.
Deja que el perro se familiarice con él. Enséñale a participar en el momento de colocarlo. Utiliza pequeñas recompensas. Empieza a caminar en lugares fáciles y aumenta gradualmente la dificultad.
Y recuerda que el arnés no tiene que controlar al perro por ti.
Su función es proporcionar una conexión segura mientras vosotros aprendéis a moveros juntos.
En Vendog puedes encontrar nuestra selección de arneses para perros con diferentes diseños y ajustes para adaptar el equipo al tamaño, actividad y forma de moverse de cada perro.
Gracias a NICOLAS TESSARI en Unsplash por la foto.